domingo, 16 de enero de 2011

La música nos da placer porque es una droga para el cerebro

* La dopamina está detrás del placer que nos produce la música
* Esta sustancia forma parte de nuestro "sistema de recompensa"
* Es un neurotransmisor que se libera con sexo,comida,drogas y chocolate.

ssssssaaaaa
La dopamina tiene que ver con las adicciones
Imagen tomada de fotolog


¿Por qué hay canciones que nos afectan físicamente al punto de acelerarnos el pulso y la respiración? ¿A qué se debe la piel de gallina cuando escuchamos melodías que nos fascinan?. En mi caso particular puedo oír una canción hasta 10 veces seguidas, y tengo una larga lista de de ellas esperando turno para ¿drogarme?. Sí, literalmente. La música es una droga: un estudio realizado por investigadores de la Universidad McGill -Montreal, Canadá- y publicado en Nature Neuroscience, demostró que las melodías, ritmos u armonías que escuchamos producen en nuestro cerebro "cataratas de reacciones" provocadas por la liberación de dopamina en nuestro "sistema de recompensa".

Imagen tomada de fdbaudio

Todos sentimos profundos placeres ante estímulos que son necesarios para conservar la vida (comida), a las llamadas recompensas secundarias (dinero) y a las sustancias que promueven esas reacciones químicas (drogas). Así mismo, poseemos la extraordinaria capacidad de generarnos placer por medio estímulos abstractos como la música o el arte.

Tomada de wallmusic

"La mayor parte de la gente coincide en que la música es un estímulo placentero especialmente potente que se usa con frecuencia para influir en los estados emocionales", explican los responsables de la investigación reseñada en 'Nature Neuroscience'. Su capacidad para provocar reacciones fisiológicas está perfectamente documentada. Es lo que se llama 'escalofrío emocional', una respuesta mediada por el sistema nervioso autónomo que afecta a la frecuencia cardiaca, respiratoria, a la conductividad de la piel y a la temperatura periférica.


Tomada de spreadschirt

Aunque también se ha observado que las áreas del cerebro que conforman los circuitos de la emoción y la recompensa se activan mientras escuchamos los compases que consideramos agradables, el papel directo de la dopamina no se ha comprobado. Este neurotransmisor es el mediador de las adicciones a drogas como la cocaína o la heroína, el opio, la heroína, el alcohol y la nicotina.

Gracias a la investigación realizada en el Instituto Neurológico de Montreal de la Universidad McGill (Canadá), ahora sabemos que la dopamina también media el placer que experimentamos con la música, "una recompensa muy abstracta que consiste en una secuencia de tonos desplegados a través del tiempo que produce una respuesta comparable a la de estímulos más básicos", indican los autores.

'Clave de Fa'. Tomada de deviantart

Y no sólo durante los momentos especialmente estimulantes de una melodía. El cerebro también reaccionaba (y liberaba dopamina) justo antes, un fenómeno llamado anticipación. En resumen, "estos resultados ayudan a explicar por qué la música está tan valorada en todas las sociedades", concluye el estudio.


LONELY DISHES

Pescado al aluminio
Ingredientes: un pescado, sal, un trozo de papel aluminio, un anzuelo

Se calienta el horno a la temperatura justa. Sobre la mesa se extiende el papel aluminio y sobre éste se salpica la sal, cuidando que quede bien esparcida. Se saca el pez de la bolsa y se lava con agua tibia. Se tiende luego suavemente sobre el papel aluminio de manera que las escamas rocen la sal. Acto seguido el pescado abrirá la boca y comenzará a respirar con dificultad. Cierrénse entonces las hojas de aluminio, envolviéndolo como un sobre. Ayudándose con el anzuelo perfórense dos orificios a la altura de la boca. Bájese la compuerta del horno a fin de que sople una ola de aire caliente. Entonces el cocinero debe inclinarse sobre el pescado, acercando su boca a los orificios hechos en el papel aluminio, para susurrar estas palabras: "pescadito, pescadito, ¿te acuerdas del mar?"




Cervatillo a la miel
Ingredientes: un cervatillo blanco, un tarro de miel, agua, un ovillo de hilo de seda, una manta de lana.

Para atrapar al cervatillo blanco es necesario soñarlo. El cocinero debe volver sus pensamientos hacia la caza y pasarse el día imaginándola con saña y fiereza. Este ejercicio le infundirá el espíritu del cazador y se sentirá capaz de emprender la cacería. Con el tiempo perderá el deseo de cazar, embargándolo un profundo sentimiento de piedad. Sumido en esta melancolía se soñará persiguiendo al cervatillo blanco en un bosque de hojas grises. La persecución será larga ya que el cazador vuelto cocinero ama en el fondo a su presa y canta para ahuyentarla. El bosque no es infinito y ambos, cazador y presa, llegan a su confín y se detienen allí. El cocinero se arrodilla ante el cervatillo y éste le ofrece sus patas que él amarra con el hilo de seda. Al llegar a casa con el animal al hombro el cocinero lo tiende sobre el suelo y le da de beber la miel disuelta en agua. Al beberla, el cervatillo blanco se duerme como si ya nada en el mundo fuera capaz de despertarlo. El cocinero lo cubre con la manta de lana y, tras cerrar la puerta de la cabaña, se aleja de ese lugar para siempre.





León Febres Cordero. Estudió literatura inglesa en la Escuela de Letras de la U.C.V., en el Westfield College de Londres y en la Universidad Central de Barcelona, España. Es profesor en la Escuela de Arte de la U.C. V. y también dramaturgo. "Lonely Dishes" fue parte de un material de apoyo de su autoría,
entregado a nosotros -sus alumnos- durante un seminario universitario dictado por el prof. León Febres Cordero.